es más cruel aún que los tiranos.
Hoy en día vivimos hechos cargados de mucha violencia, acciones que se vivien a diario, donde el protagonista es el Hombre, Hombre que actuando junto a la masa se olvida de la razón.
Casi todos reconocemos generalmente que las cosas que hacen los demás son cosas fáciles. No sabemos por qué la mayoría de la gente piensa que los demás tienen cosas fáciles que hacer, y que la vida almacena las dificultades sobre uno y no sobre los otros. Por otra parte, cada cual sabe que, ante ciertas situaciones, puede salir airosamente del paso; sabemos que tenemos la capacidad para hacer bien o muy bien algunas tareas. Y a la vez se ven otras muchísimas como metas inalcanzables o difíciles.Pensemos un poco. Lo fácil en sí no existe. Si preguntáramos, uno por uno, qué es lo que considera fácil, todos responderían de manera diferente, existe lo que sabemos y podemos hacer, y lo que ni sabemos ni podemos hacer. Lo fácil es lo ya aprendido, lo que ya se ha dominado y se realiza con soltura, del mismo modo, lo difícil en sí no existe. Depende de la actitud. Lo que no se conoce, lo que se presenta como algo nuevo, tiene la máscara de lo difícil. Es probable que, por no saber resolver la situación, se siga llamando "difícil" o “problema”. La experiencia del miedo y del temor a lo nuevo no es la que nos lleva a superar lo difícil. Precisamente, para evitar las dificultades, hay que evitar todo atisbo de temor. Es natural que la vida esté repleta de cosas difíciles. Todos hemos venido al mundo para aprender, para sumar nuevos conocimientos, nuevas experiencias. Lo difícil es lo que nos pone frente a lo que nos corresponde saber en ese momento, a lo que -pareciendo un duro problema es, sin embargo, el ejercicio indispensable para que las experiencias se abran paso en la conciencia... y la actitud cambia pues aquellos problemas que parecen impenetrables se convierten en puertas de papel.
Lo cierto es que lo aprendido y lo asimilado se refleja con una cierta facilidad para actuar en la vida y hacer ver que de alguna manera como se diría vulgarmente sólo aquel que quiere puede y que por lo tanto como diría un filosofó “no hay imposibles sino imposibilitados”.En Inglaterra existe una antigua catedral, conocida como la catedral de Winchester. Milenario centro de peregrinación y religiosidad, el lugar en que en el siglo XI se levantó la actual catedral gótica sobre fundamentos normandos que aún son visibles en el cuerpo, fue asiento de Santuarios hundidos en el más remoto pasado, anterior aún a los romanos.
Una característica excepcional de esta gran Obra es que, por debajo de ella, corre una vía de agua del río Avón, lo que la convierte en una suerte de Buque de Piedra sobre las corrientes de las aguas, con todo el contenido simbólico y esotérico que ello implica. Desde otro punto de vista, es como el Místico Puente, que a través de las heladas aguas subterráneas permite la unión de una y otra orilla.
En sus subsuelos, aún brotan 3 fuentes, y su especial construcción le permite una acústica formidable a través de toda su nave, como se comprueba al escuchar su famoso órgano, y más aún en la curiosa costumbre de echar las campanas a volar durante más de una hora seguida durante toda la tarde. Como las campanas se programaron para que suenen a la manera de arpegios, parecen manos de ángeles que tocásen colosales arpas, más allá de las altas bóvedas. El efecto es difícilmente transferible; para el que no lo haya vivido, es casi imposible imaginarlo.
Pero este artículo no se refiere a la catedral en sí, sino a un humilde hombre, William Walker, buzo profesional nacido en 1864.
Las aguas, durante casi 1,000 años, habían carcomido los cimientos de la catedral y a principios del siglo XX parecía estar condenada a la destrucción, pues grandes grietas se abrían en sus muros y toda esta maravilla gótica se hundía sobre sus cimientos. Los medios técnicos de la época y la disposición de las murallas sumergidas, no permitían la inyección de materiales sustentadores y los ingenieros se hallaban ante un problema aparentemente sin solución. Entonces surge la figura heroica de William; él se ofrece a descender por un pequeño orificio y cargar en sus brazos, uno a uno los sacos de cemento necesarios para afianzar las estructuras sumergidas. Pero el metraje cúbico que calculan los ingenieros, necesario para sostener el enorme edificio, escapa a las posibilidades lógicas de una acción meramente manual, y menos de una sola persona. El buzo no se arredra, y con su pesada escafandra aireada a mano por sus compañeros en los sótanos de la catedral, se sumerge en las heladas aguas.
Corre el año 1906. Día tras día, sin descanso, baja y sube el buzo una escalera portando sacos, bloques y vigas en sus brazos. No mide el tamaño de su trabajo, se entrega a él totalmente, no importándole su salud ni lo que le paguen por ello. La suya es una auténtica Obra de Amor. Todos dudan que pueda realizarla más que en una pequeña parte, un ser humano no puede soportar ese trabajo cotidiano en tales condiciones. Pero el buzo ya no es un ser humano, es la encarnación de la voluntad y la constancia. Trabaja hasta 1912 y en ese interín se calcula que bajó 25,800 sacos de cemento; 114,900 bloques de concreto y 900,000 ladrillos. Sus brazos llevaron en 6 años más de 500 toneladas.
En la catedral, se levanta su estatua en bronce mostrando sus manos extendidas, herramientas únicas en su titánica obra. Hoy, una placa reza: Catedral de Winchester, construida a la Gloria de Dios; 1087-1903, preservada del peligro por la gracia de Dios; 1905-1912.
Saquemos ejemplo de William Walker. Él trabajó y dejó su vida en su humilde pero trascendental esfuerzo para que otros pudiesen seguir orando bajo los techos primorosos de nervaduras y escuchando el coro de las campanas. Descendió a los gélidos abismos para que personas que no alcanzó a conocer pudiésemos gozar de tanta belleza. Durante siglos, esa joya mística albergó millares y millares de creyentes en Dios. Como la vieja catedral, nuestro mundo actual se derrumba sobre sus cimientos al ser embestidos por las olas ...
Hagamos surgir nuestra vocación de buzos; sumerjámonos en las heladas ondas con los brazos cargados con las firmes rocas de nuestras obras, y allí, en la oscuridad, enclavémoslas unas con otras para sostener el mundo. Recemos con nuestras manos, en la cotidiana labor. Ya vendrán otros a gozar de las bellezas de un mundo acuñado por rítmicas campanas.
Aquí comienza una tradición, de viernes a viernes, ir subiendo una frase que nos haga frenar 5 segundos y reflexionar
Sería de esperarse que la primera frase fuera de Sócrates, pero como la filosofía no tiene dueño ni origen, es bueno aprovechar para demostrar que Ciencia y Filosofía no están peleadas en absoluto, incluyendo una frase de uno de los científicos más reconocidos del mundo: Albert Einstein
Esta frase, además, resume una de las intenciones de este blog: ser Protagonistas y no Espectadores; hacer algo para poder influenciar positivamente en los demás y no sólo sentarnos, a ver lo que pasa, o a hablar de lo lindo que sería que alguien haga algo, incluso cuando ese alguien podemos ser nosotros.